LA POESÍA HAY QUE CELEBRARLA, SIEMPRE

Siempre digo que «Amar es dónde» es el mejor libro de poesía y el mejor verso que he leído jamás.
Hay otros (Lorca, Szymborska, Plath…) claro, pero nunca fueron capaces de llevarme donde me llevó Joan Margarit.
Pero luego está Piedad Bonet y su antología «Lo terrible es el borde» que lo desmonta todo, me eleva por encima de cualquier imaginable, me rompe, me cura, me acuna los párpados y me recuerda que es imposible escribir si no es con el corazón en la mano, dejando correr finos hilos de sangre por entre los dedos que lo sostienen.
Si queréis leer poesía (de la de verdad), buscad refugio en sus versos, cualquier otra cosa se quedará siempre a las puertas de ese monstruo inmenso al que llamamos poesía.

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Os dejo este fragmento de «Bartleby y compañía» (que no es un verso, pero que contiene grandes dosis de buena literatura y ya solo por eso merece la pena).
Es de mi muy admirado Enrique Vila-Matas.

«Yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema. Y en parte, en mala parte, lo he conseguido; como cualquier poema medianamente bien hecho, ahora carezco de libertad interior, soy todo necesidad y sumisión interna a ese atormentado tirano, a ese Big Brother insomne, omnisciente y ubicuo: Yo. Mitad Calibán, mitad Narciso, le temo sobre todo cuando le escucho interrogarme junto a un balcón abierto: «¿Qué hace un muchacho de 1950 como tú en un año indiferente como éste?» All the rest is silence.»

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La poesía, como las pocas cosas que de verdad importan, hay que celebrarla siempre, all the rest is silence.

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