TENER DE NUEVO OCHO AÑOS

Tener de nuevo ocho años. Que la mayor aventura sea que te cubran de arena.
El mar es tuyo, porque ya llegas nadando hasta la bolla.
La playa no cubre, a tu hermana sí, a ella sí le cubre porque ella es pequeña y todavía está en peligro. La coges fuerte del brazo. Ninguna ola puede llevársela ahora.
Las gafas de tu madre son un gran tesoro, ella te parece más hermosa todavía cuando se las pone. Te las ha prestado para la foto. Te quejas del calor y te prometen un helado. Nata, nata, nata, piensas.
Tener de nuevo ocho años y no saber qué es una hipoteca, ni un plan de pensiones, ni un fondo de inversión. No sabes que algún día te dedicarás a ello, a esas cosas que todavía no sabes que existen.
Ya escribes historias en una libreta lila. Escondes la libreta porque no quieres que se rían de ellas.
Tienes ocho años y no sabes quién serás treinta años después, porque no sabes siquiera que eso se puede pensar. Con ocho años el futuro no existe, solo existe ese mar en el que sacudirás la arena que cubre tu cuerpecito de hormiga. Solo existe el helado que han prometido, los pies de tu hermana enterrados en la orilla, la bolla a la que has llegado sin aliento, la pala azul con la que han dado forma al cuerpo de barro en el que te has enterrado. Existe tu padre, acercando la cámara a su rostro, tu esfuerzo por no sonreír, eres una estatua de arena, y las estatuas no sonríen, una estatua de arena inmortal que cumplirá ocho años eternamente.

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