MAMAMAMAMA

Pues a mí no me gustaba la canción «ay, mamá» hasta que le han dado calabazas.
Con las canciones me ocurre como con los libros, si las primeras notas o líneas no me retuercen de alguna manera especial, paso al siguiente. De modo que pasé a Rigoberta (next song, please).
Pero ayer no ocurrió lo que parecía evidente, la gente quería «mamá» y no se le dió. Entonces yo volví a escucharla.

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«A ti que tienes siempre caldo en la nevera.
Tú que podrías acabar con tantas guerras.
Escúchame
Mamá, mamá, mamá
Paremos la ciudad.
Sacando un pecho fuera al puro estilo Delacroix
Mamá, mamá, mamá
Por tantas mamamama… mamá
Todas las mamamama… mamá»

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El ritmo de la canción sigue sin despegarme del suelo y no creo que la escuche en bucle (que es como escucho las canciones que se me adhieren a la carne), pero pienso que deberíamos gritar eso de «mamá» bien fuerte y sin complejos, aunque solo sea para molestar.
Yo, desde que soy madre (igual que la mía) siempre tengo caldo en la nevera, mis pechos alimentaron a dos criaturas durante más de tres años y no existe palabra que haya pronunciado y escuchado más veces a lo largo de mi vida que el «mamamamamama…» del que habla Rigoberta.

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Tampoco he seguido nunca Eurovisión (y este año no será una excepción) y, aunque creo que el pecho gigante hubiese sido mejor menos redondo (a pesar del símil terráqueo), pienso que esta mujer ha dado un pisotón de los buenos, de los que hacen temblar el suelo, y de esos, queridas, andamos escasas.

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